Los bebés no tienen miedo a las alturas

El miedo a la altura aparece a partir de que el bebé empieza a gatear, y se acentúa a medida que su desarrollo evoluciona. Podéis ver un vídeo en el que muestran algunas pruebas realizadas a los pequeños.

Sobre estas líneas podéis ver un vídeo que nos muestra varios experimentos que se han realizado para determinar si el miedo a las alturas es algo innato o se desarrolla paralelamente al cambio en la propiocepción o percepción visual que tienen los individuos de su propio movimiento. En principio, los bebés no tienen miedo a las alturas, pero a medida que aprenden a gatear y andar, empiezan a asustarse de la altura.

En el vídeo podemos ver a un bebé gateando sobre una mesa, una parte acristalada que permitía ver el suelo, y otra parte tapada, dependiendo del grado de autonomía y capacidad de gatear, los bebés se desplazaban por una u otra zona. Los expertos explican que en uno de los balcones de vidrio de la Torre Willis, un rascacielos de 412 metros de altura, un bebé gatearía tranquilamente, a pesar de que sólo mirar hacia abajo impresionaría a cualquier adulto, sin embargo los bebés no se sienten afectados, no tienen miedo a la altura, sobre todo si apenas gatean, pero cuando ya han aprendido a gatear empiezan a asustarse y sentirse ansiosos, se incrementa la frecuencia cardíaca, etc.

A mayor percepción del propio movimiento mayor es el temor, además de este experimento, se realizó otro en el que una habitación provocaba la sensación de que sus ocupantes eran proyectados hacia adelante, los bebés que ya caminaban, retrocedían y se asustaban, los que todavía gateaban no parecían inmutarse. En el caso de la sensación de proyección, el cerebro toma poco a poco conciencia de la información que proporciona el campo visual periférico y la utiliza para corregir el equilibrio, de ahí que los pequeños retrocedan.

Las pruebas que se han realizado sugieren, en el caso de la sensación de proyección, que el acto de impulsar al pequeño, enseña al cerebro que debe estar atento a lo que no hay dentro de su campo de visión periférica a fin de poder ajustar el equilibrio. Se podría decir que se busca el origen del miedo a las alturas o el miedo a caer, los expertos explican que existe un vínculo con el propio movimiento y la información que recoge el cerebro. Según los psicólogos, el miedo a la altura en los adultos es también modulado por el movimiento, en definitiva, no hay temor ni vértigo hasta que el bebé empieza a gatear.

Es una investigación interesante de la que podéis conocer más detalles a través del artículo publicado en NewScientist.

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