Los bebés aprenden mientras duermen

Durante años se ha investigado la relación sueño-aprendizaje de los bebés, en todos los casos se ha llegado a la misma conclusión, los bebés aprenden mientras duermen. Por ello es importante que duerman la siesta para que las experiencias vividas cuando están despiertos se conviertan en conocimientos.

Aprendizaje y sueño infantil

Los bebés procesan mientras duermen todo lo que aprenden cuando están despiertos, esa es la conclusión de un estudio desarrollado por expertos de la Universidad de Tübingen y del Instituto Max Planck de Alemania. Según el estudio, los bebés de entre 9 y 16 meses recuerdan mejor los nombres de los objetos si duermen una siesta, por lo que el sueño forma parte del aprendizaje, ya que permite convertir las experiencias en conocimientos.

Los expertos explican que el proceso de aprendizaje está relacionado con el denominado “huso del sueño” (ondulaciones crecientes-decrecientes del EEG del sueño) que son detectables en los bebés al mes y medio de vida. Aquellos bebés con una actividad alta del huso del sueño tienen una elevada capacidad para generalizar sus experiencias, así como el desarrollo de nuevos conocimientos mientras duermen. Este es un tema que se estudia desde hace años, podemos recordar por ejemplo este estudio desarrollado hace unos años por investigadores de la Universidad de Arizona (Estados Unidos), en el que se concluía que los bebés que dormían la siesta adquirían mejores niveles de aprendizaje.

El sueño es mucho más que la relajación del cerebro, el flujo de información que recibe el cerebro desde todos los sentidos se interrumpe mientras se duerme, pero otras regiones cerebrales se vuelven más activas. Muchos investigadores creen que mientras se duerme el cerebro recupera las experiencias recientes y consolida los nuevos conocimientos adquiridos cuando se estaba despierto, así mismo se integran en la memoria, lo que demuestra que el sueño es indispensable para la memoria y para un correcto aprendizaje.

En la investigación participaron un grupo de niños de entre 9 y 16 meses de edad a los que se les mostraron varias imágenes de objetos mientras escuchaban los nombres de los mismos, algunos eran similares y variaban sólo en colores, proporciones o pequeños detalles. En el caso de objetos similares que pertenecían a una categoría de acuerdo a sus formas, se les dio el mismo nombre. Durante este proceso, los expertos monitorearon la actividad cerebral de los bebés realizando una electroencefalografía.

El grupo de bebés se dividió en dos, uno durmió la siesta tras la sesión de audiovisuales, los expertos monitorearon su actividad cerebral con un electroencefalograma. El segundo grupo permaneció despierto con sus padres, pasearon, jugaron, etc. Se realizó una segunda prueba en la que los expertos mostraron a los bebés fotografías de objetos acompañadas de audiciones con sus nombres, aunque en este caso eran combinaciones que ya habían visto y nuevas combinaciones, de nuevo se midió la actividad cerebral.

Tras analizar los electroencefalogramas, se constató que los bebés habían aprendido el nombre de los objetos individuales durante la primera sesión independientemente de la edad que tuvieran. Sin embargo, en lo que respecta a la categorización de objetos, los que no durmieron no fueron capaces de asignar un nombre a los nuevos objetos similares a los que habían visto anteriormente y que pertenecían a una misma categoría, mientras que los que durmieron sí lograron categorizar los nuevos objetos y adjudicarles el nombre de grupo correspondiente.

Los resultados de la segunda sesión mostraron que los electroencefalogramas de los bebés que habían dormido la siesta eran diferentes a los que no la habían dormido. El grupo que no durmió había olvidado los nombres de los objetos individuales, en cambio los que habían dormido la siesta recordaban los objetos y la palabra que los designaba. Esto quiere decir que el proceso de aprendizaje y memorización se produjo durante el sueño y para los expertos los resultados muestran que el sueño afecta significativamente a la organización de la memoria, parece que evita que se puedan olvidar rápidamente las palabras aprendidas.

Los bebés aprenden mientras duermen, por tanto, que duerman la siesta es fundamental para el buen desarrollo del intelecto, la memoria y las habilidades cognitivas. Podéis conocer más detalles sobre esta investigación a través de este artículo publicado en Max Planck Gesellschaft.

Foto | Tiarescott

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