Las rabietas de mi hijo

Hoy hablamos de las emociones de los niños. Las positivas no nos molestan, pero las llamadas rabietas acostumbran a responder a algún malestar en el interior del niño que hace que exteriorice así sus sensaciones.

A partir de los tres años empiezan las rabietas

Las emociones negativas son normales en todos

Al cumplir los tres años tu niño deja de ser un angelito para desafiarte a todas horas. Un auténtico terror y un quebradero de cabeza para aquellos padres que piensan que su niño se les va de las manos. No os preocupéis, les pasa a casi todos. Es al cumplir los tres años cuando el niño ha alcanzado una cierta madurez emocional, se considera a sí mismo como individuo, separado de la madre y no hará más que querer reafirmarse como tal. Se trata de una fase normal de la infancia y, aunque tú no te acuerdes, seguramente también te entraban rabietas cuando eras pequeño. Así que, padres y madres, respirad tranquilos. Vuestro hijo no va camino de convertirse en un rebelde sin causa y esta fase tampoco durará toda la vida. Si queréis sobrellevarlo de la mejor manera posible, por vuestro bien y el de vuestro hijo, aquí van algunos consejos útiles.

Vuestro hijo está aprendiendo a identificar sus propias emociones: qué significa llorar y estar triste, reir y estar contento… y también tener una rabieta y estar enfadado. Las emociones positivas no nos molestan, pero muchas veces tratamos de castigar las negativas porque son molestas y difíciles de llevar. Pero si tú a veces te sientes enfadado, tu hijo también puede estarlo y debes comprenderlo. Cuando le de una rabieta no intentes entender a qué se debe y tampoco dialogues con él en ese mismo momento… ¡tiene tres años y es demasiado para un niño! Bastante trabajo le da el sobrellevarse de su enfado. Una vez los ánimos estén más tranquilos podéis tratar de entenderos. Los pedagogos recomiendan que la mejor manera de calmar a tu hijo en esos momentos es abrazarlo, que el niño se sienta recogido y respetado. Si te enfadas con él, no harás más que dramatizar un problema que seguramente es sencillo. Además de transmitirle a tu hijo que no tiene derecho a sentir lo que siente.

Otro de los errores comprensibles entre los los padres es el tratar de lidiar en las peleas entre niños. Tu hijo no tiene por qué llevarse bien con todo el mundo y puede que a veces se enfade con sus compañeros. Si se trata de un enzarzamiento físico lo primero es separar a los niños, está claro, pero no trates de interferir en las emociones que han despertado esa rabieta. No hace falta que obligues a tu hijo a hacer las paces y a dar un beso al amigo en ese preciso momento, sobretodo si él se niega en redondo. Como te hemos dicho antes, permite a tu hijo un tiempo prudencial para estar más tranquilo y entonces explícale que la violencia física no es aceptable.

Deja que pase el momento de furia

Deja que pase el momento de furia

Si hablas con un niño cuando éste se encuentre en medio de una rabieta, la antención que recibirás será nula. Prueba en cambio a poner los límites más tarde, cuando podáis estar cara a cara sin interferencias. No te estamos diciendo que des rienda suelta a la agresividad de tu hijo, sino de que comprendas que esa misma agresividad está dentro de todos nosotros. Enséñale a canalizarla y recuerda que tan solo es una fase.

Sabemos que todos los consejos que te hemos dado requieren de mucha paciencia. Tranquilos, ¡con suerte pasará pronto!

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