Las madres de bebés con defectos cardíacos tienen mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas

Según los resultados de una investigación canadiense, las madres de bebés con defectos cardíacos tienen mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas en un futuro, siendo mayor el riesgo en las madres de bebés cuyos defectos se consideran graves. Los expertos creen que si una madre tiene un bebé con un defecto cardíaco, debe tomar las medidas oportunas para reducir el riesgo de que pueda sufrir una enfermedad cardíaca en el futuro.

Enfermedades cardíacas

Un curioso estudio desarrollado por investigadores del Centro de Investigación Hospitalaria de la Universidad de Montreal, concluye que las madres de bebés con defectos cardíacos tienen un riesgo más elevado de sufrir enfermedades cardíacas en un futuro, que las madres cuyos bebés nacieron sin este tipo de defectos. A raíz de los resultados, se determina que un defecto cardíaco en el bebé es un indicador a tener en cuenta, ya que puede ser una oportunidad para que la madre adopte medidas que protejan su corazón, una alimentación más sana y equilibrada, realizar ejercicio de forma regular, etc.

En investigaciones anteriores se constató que las madres que daban a luz un bebé que sufriera cualquier tipo de defecto congénito corrían un mayor riesgo de sufrir una muerte prematura en el futuro. Según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI), las anormalidades estructurales del corazón son el defecto de nacimiento más común, afecta a ocho de cada 1.000 nacimientos, lo que teóricamente es un indicador de las madres que podrán sufrir en un futuro una enfermedad cardíaca que incremente el riesgo de muerte prematura.

En esta investigación los expertos analizaron los datos de 1.084.251 mujeres que dieron a luz en Quebec entre los años 1989 y 2013. De los bebés nacidos, 1.516 sufrían defectos cardíacos graves que debían ser tratados poco después del nacimiento y 14.884 bebés que tenían defectos cardíacos que no encerraban gravedad y que se podían tratar más adelante o no era necesario que se llevara a cabo un tratamiento.

Se realizó un seguimiento de 25 años de duración tras el parto, y después de analizar los datos, se constató que las madres de bebés con defectos graves tenían un 43% más de probabilidades de ser hospitalizadas por enfermedad cardiovascular. En el caso de las madres de bebés nacidos con defectos que no eran graves, el riesgo se cuantificó en un 24% en comparación con las madres de bebés sin defectos cardíacos.

Las madres de bebés con defectos graves tenían más del doble de probabilidades de sufrir un ataque cardíaco, tres veces más probabilidades de sufrir otras enfermedades debido al endurecimiento de las arterias, y hasta 40 veces más probabilidades de tener que someterse a un trasplante de corazón. En el caso de las madres de bebés con defectos no graves, el riesgo de insuficiencia cardíaca, enfermedad pulmonar de los vasos sanguíneos o la necesidad de recibir un marcapasos, prácticamente se duplicaba en comparación con las madres de bebés sanos.

En el estudio no se analizó la razón de la asociación entre los defectos cardíacos de los bebés y los de las madres en un futuro, aunque los investigadores apuntan que madres e hijos comparten varios factores de riesgo. Las madres de bebés con defectos cardíacos graves tienen mayor riesgo de sufrir ansiedad, estrés y depresión, lo que a su vez, puede aumentar el riesgo de enfermedades del corazón. Para los investigadores, el embarazo puede ser un buen momento para identificar posibles problemas de salud que puedan sufrir las madres en un futuro y aplicar los tratamientos y cambios en el estilo de vida, que ayuden a reducir el riesgo.

De todos modos y aunque no se explica en el estudio, no se demuestra la existencia de una relación causal, es posible que existan otras causas de la mencionada relación, además de las que citan los investigadores. Por tanto, parece obvio que se llevará a cabo una nueva investigación para determinar la causalidad. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la página del Centro de Investigación Hospitalaria de la Universidad de Montreal y en este otro de la revista científica Circulation.

Foto | Beth and Anth

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