La vitamina K

Importancia de la vitamina K

La vitamina K forma parte de las vitaminas liposolubles, ya que tiene que ser transportada por la linfa unida a una lipoproteína y se puede almacenarse en el tejido graso y en el hígado. La podemos encontrar en dos formas naturales, en los vegetales se denomina vit K1, que es la Filoquinona, y en los animales y la que producen las bacterias intestinales, está en forma de vit K2 o Menaquinona.

La vitamina K la encontramos en alimentos vegetales de hojas verdes como la lechuga, también en el brócoli, en cereales, en lácteos y en los hígados. Es una vitamina resistente al calor, aunque inestable a la luz y a los medios alcalinos.

La vitamina K interviene principalmente en la formación de la protrombina y otros factores de la coagulación sanguínea, aunque también participa en el metabolismo óseo.

La ingesta recomendada es de 2 microgramos al día en bebés de 0 a 6 meses, de 2’5 microgramos hasta los 12 meses, de 30 microgramos en niños de 1 a 3 años, y hasta los 18 años alrededor de 60 microgramos. En los adultos, igual que en el período de embarazo y lactancia, se recomiendan alrededor de 90 microgramos.

Normalmente se dan pocos casos de deficiencia de esta vitamina, aunque aparece por problemas de absorción de las grasas, por hepatopatías y por algunos fármacos que intervienen en el metabolismo del hígado.

Una deficiencia en vitamina K repercutirá en un mayor riesgo de sangrado por la falta de factores de coagulación, y en los bebés puede darse la enfermedad hemorrágica del recién nacido.

En cuanto a la toxicidad, es muy poco frecuente, y si se da, suele ser por la elevada ingesta de vitamina K sintética, la llamada Menadiona.

Foto | Eugenia y Julian

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