La reducción de bacterias “buenas” en el bebé se asocia a un aumento del pH en las heces

Según una revisión de 14 estudios realizados a lo largo de 100 años, se ha observado que se ha producido durante este tiempo una reducción de bacterias “buenas” en el bebé, aumentando el pH de las heces. Este mayor pH es indicativo de un entorno más alcalino en el intestino, lo que favorece el aumento de bacterias perjudiciales como la Escherichia coli o la Clostridia, las causas de este cambio son la reducción de la lactancia materna, el aumento de las cesáreas o el uso de los antibióticos, entre otras.

Bifidobacterium

Según una investigación desarrollada por expertos de la Universidad Davis de California (Estados Unidos), la reducción de bacterias “buenas” en el bebé provoca a largo plazo un aumento del pH en las heces. Se trata de una revisión de 14 estudios clínicos que se han desarrollado a lo largo de 100 años, demostrando que existe una tendencia al alza en el pH, los expertos comentan que en la década de los años 20 el nivel de pH era levemente ácido y giraba en torno al 5.0, en 2017 la media se ha incrementado en 1.5 puntos.

Los investigadores comentan que aunque un pH de 6.5 es técnicamente ligeramente ácido, esta tendencia hacia la alcalinidad crea un entorno que permite que las bacterias perjudiciales como la E.coli (Escherichia coli) o la Clostridia puedan proliferar y campar a sus anchas en el intestino de los bebés. El cambio del pH se acompaña de una reducción significativa de las bacterias beneficiosas de la flora intestinal como, por ejemplo, la Bifidobacterium, esto es motivo de preocupación, ya que se incrementa el riesgo de que los bebés sufran todo tipo de problemas y enfermedades.

Los expertos comentan que los cambios en la composición del microbioma son, en gran parte, característicos de los países desarrollados, en cambio, los bebés de países en vías de desarrollo que cuentan con pocos recursos tienden a retener niveles más altos de bacterias como la Bifidobacterium, por lo que tienen un pH más bajo. El aumento consistente del pH en las heces de los bebés de países desarrollados durante las últimas décadas es algo que ha pasado desapercibido por la comunidad médica y no se debe ignorar, ya que es un indicador del estado de salud de los bebés, delatando la incidencia de trastornos alérgicos y autoinmunes, algo que se incrementa año tras año.

Comentan que existen factores principales que subyacen a este cambio en la composición del microbioma, la reducción de la lactancia materna y el mayor uso de la leche de fórmula, el uso de antibióticos y el mayor número de cesáreas, que reduce la transferencia de bacterias beneficiosas de la madre al bebé. Se puede decir que es evidente que el abandono de la lactancia materna está fuertemente asociado a problemas en los bebés como las alergias y enfermedades autoinmunes, siendo el valor del pH un indicador de estos problemas.

Los factores comentados provocan el aumento de las bacterias patógenas y, por tanto, un aumento de problemas de salud como los cólicos, las alergias, los eczemas, la diabetes, la obesidad y así un largo etcétera. Los investigadores consideran prioritario contar con un método rápido y eficaz para determinar los niveles de Bifidobacterium en el intestino del bebé, a fin de poder corregir los problemas en el microbioma mediante la restauración de estas colonias bacterianas.

Los investigadores explican que la detección de disbiosis o disbacteriosis (desequilibrio microbiano de la microbiota normal) y la restauración de las colonias de Bifidobacterium son actualmente las áreas que se están estudiando. Se están haciendo progresos en el aprendizaje de cómo detectar estos problemas para restaurar el intestino a su estado natural a través de la introducción de probióticos concretos. En definitiva, los 14 estudios realizados a lo largo de 100 años son una muestra más de como el cambio gradual que ha sufrido la alimentación del bebé ha provocado el aumento de problemas de salud que hace décadas eran prácticamente inexistentes.

Podéis conocer todos los detalles de este interesante estudio a través de la revista científica mSphere.

Foto | Shannon Sorensen

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