La historia del mellizo Ogg

Conoce un relato totalmente verídico que nos hace ver que a veces lo imposible se convierte en real

Todos sabemos que tenemos cinco sentidos. Incluso hay quién dice que tenemos un sexto que no siempre está a la vista. Sin embargo, en nuestra historia de hoy queremos hablarte del que probablemente es al que menos importancia le damos, porque no somos consciente de lo vital que resulta. Nos referimos al sentido del tacto.

Y en parte por recordar, en parte por sorprendernos, y también por hacernos darnos cuenta de lo fundamental que resulta, hoy queremos hablarte de la historia de los mellizos del matrimonio Ogg. Ellos pensaban que darían a luz a un solo bebé, y en cuanto se enteraron que eran mellizos, poco duró la alegría, ya que el parto se adelantaría y el niño no podría sobrevivir. Le dieron por muerto, pero su madre lo puso en su pecho, y su padre le acarició. Entonces, ocurrió el milagro. El niño comenzó a moverse y a respirar.

El milagro de la vida

En un primer momento las enfermeras les dijeron que debían despedirse, que apenas le quedaban horas de vida y que eso solo eran sus últimos signos vitales. Pero sus padres se aferraron a acariciar a su bebé, a mantener un contacto piel con piel. Ambos mantuvieron vivo a su hijo apegados a la esperanza de que tenerlo cerca le salvaría la vida. Y así fue. Los médicos todavía a día de hoy no se lo creen. Y James, el nombre que habían elegido para su niño, pasó a ser el nombre de un bebé que hoy no lo es tanto, y que ya tiene 5 años.

Ciertamente, esta historia nos muestra como a veces, a cosas a las que no le damos tanta importancia, sí que la tienen. Las caricias, los abrazos, y el contacto físico puede salvarnos la vida, y puede ser un gran apoyo para tener fuerzas para enfrentarse al día a día. A James se la salvó y se las dio para vivir y ser un niño que crece sano junto a su hermana melliza y a otro hermanito que ahora ya tiene 4 años. Es el milagro del sentido del tacto. Y Johnsons nos invita a ponerlo más veces en práctica. A dejarnos tentar por esa sensación de cercanía que a veces, es justa y únicamente lo que necesitamos para sentirnos bien ¿Ya lo has probado?

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