La Empatía y el Humor en el Niño

Los inicios de esta teoría se basan en los principios establecidos por D. GOLEMAN, en su obra llamada “La Inteligencia Emocional”. Esta obra motivo al doctor L. Shapiro, piscoterapeuta infantil, a enlazar sus planteamientos con los principios enumerados en el libro, aplicándolos en niños; según él, lo esencial es la empatía, la cual forma parte de la conciencia del niño, la idea es que como padres busquemos que ellos desarrollen sus propias emociones, las acepten como tales y no se avergüencen de ellas.

Los inicios de esta teoría se basan en los principios establecidos por D. Goleman, doctor en filosofía, profesor en Harvard y encargado de la sección científica del New York Times, el cual publicó su obra llamada “La Inteligencia Emocional”, obra que llegaría a convertirse en best seller (tengo una en mi biblioteca) y se constituye en precursora de este tipo de análisis. Esta obra motivo al doctor L. Shapiro, piscoterapeuta infantil, a enlazar sus planteamientos con los principios enumerados en el libro, aplicándolos en niños, teniendo como producto su brillante obra “La Inteligencia Emocional de los Niños” en 1997. Según él, lo esencial es la empatía, la cual forma parte de la conciencia del niño, la idea es que como padres busquemos que desarrollen sus propias emociones de niño, las acepten como tales y no se avergüencen de ellas; ello conlleva a un resultado: el hoy niño interpretará mejor los sentimientos propios y de los demás cuando sea adulto.

Leyendo en libros e investigando he llegado a la conclusión que existen dos elementos muy importantes que forman esta “empatía”: uno de ellos se relaciona con la reacción emocional hacia los demás, la cual es de interés para nosotros padres, ya que se forma en los primeros años del desarrollo (hasta los 6 años); la segunda se relaciona con la reacción cognitiva, que esta identificada con la capacidad de percepción y determina el grado en el que los niños de más edad son capaces de percibir el punto de vista o la opinión de otras personas.

En el caso de los pequeños bebés, con unos pocos mesecitos, ellos ya reaccionan ante la perturbación de quienes les rodean como si esa perturbación fuera algo propio, llorando cuando ven lágrimas de otros niños o enojándose y gritando cuando ven discutir a los alumnos. Martín Hoffman, un reconocido psicólogo, llama a este hecho “empatía global”, ya como vemos el bebé no es capaz de distinguir entre él mismo y su entorno, interpretando la aflicción de cualquier bebé o persona como propia; un ejemplo de ello lo vemos en las actitudes, cuando dos bebés están jugando y uno se golpea en la mano, el otro con seguridad verá su mano a ver si a el también le duele. Esta actitud de “reflejo motriz” desaparece del comportamiento de los niños aproximadamente a partir de los dos años, momento en que se dan cuenta de que el dolor de los demás es diferente del de ellos, y son más capaces de consolarlos.


Cuando llegan al año, aproximadamente, empiezan a darse cuenta de que la congoja no es la de ellos sino de otra persona, aunque aún parecen confundidos y no saben qué hacer al respecto. La mayoría de los niños a esa edad tratan en forma intuitiva de reducir la congoja del otro. Sin embargo, debido a su desarrollo cognoscitivo inmaduro, no están seguros de lo que deberían hacer exactamente, adquiriendo un estado de confusión empática. Es en esta etapa que los pequeños empiezan a diferenciar las aflicciones propias de aquellas que corresponden a las otras personas, obtiendo cierto grado de madurez cognoscitivas. Con ello el niño aprenden cada vez más a reconocer los diferentes signos que demuestran los sentimientos de otros, y están con ello en la capacidad de demostrar conductas de comportamiento adecuadas.

A los seis años comienza la etapa de la empatía cognoscitiva: la capacidad de ver cosas desde la perspectiva de otra persona y actuar en consecuencia. Las capacidades relacionadas con la adopción de una perspectiva le permiten al niño saber cuándo acercarse a un amigo desdichado y cuándo dejarlo tranquilo. La empatía cognoscitiva no requiere de comunicación emocional (tal como el llanto), porque un niño ya ha desarrollado entonces un punto de referencia o modelo respecto de cómo puede sentirse una persona en una situación de congoja, ya sea que lo demuestre o no.

Hacia el final de la niñez, entre los diez y los doce años, los niños expanden su empatía más allá de aquellos a los que conocen u observan directamente, para incluir a grupos de gente que no conocieron nunca.

En esta etapa, denominada empatía abstracta, los niños expresan su preocupación por gente que tiene menos ventajas que ellos, ya sea que vivan en otra manzana o en otro país. Cuando los niños hacen algo acerca de estas diferencias percibidas a través de actos caritativos y altruistas, podemos suponer que han adquirido en forma completa la capacidad empática.

Otra cualidad tan importante como la empatía es la habilidad para el humor, según estos autores el niño con capacidad de humor puede tener más éxito en sus interacciones sociales. Esta capacidad de humor tiene su origen en las primeras semanas de vida del bebé; por ejemplo esto puede comprobarse a los seis meses de edad con el popular juego que yo llamo “esconde la cara”, coja una tela o tapese la cara con las manos y en forma repentina retirelas, verá que el bebé salta de risa e inclusive llega a la carcajada cuando la operación se repite una y otra vez (a los bebés les gusta la repetición).

Según Paul McGhee, el humor verdadero (más que una reacción física o una percepción) comienza en el segundo año de vida cuando el niño, edad en que comienza a comprender la naturaleza simbólica de las palabras y los objetos. A esa edad, la base del humor es la incongruencia física. Para un pequeño de uno o dos años, colocar un zapato sobre la cabeza en lugar de un sombrero resulta graciosísimo.

Una evolución mayor se presenta a los tres años, los niños, cuando el niño descubre la comedia verbal; ello se ve por ejemplo cuando el niño comienza a cambiarle de nombre a las cosas, sabiendo en realidad como se llaman, nos mira y se ríe, esto lo hace una y otra vez. La invención de frases sin sentido para nosotros pero graciosas para el niño es otra de las manifestaciones de esta etapa, por ejemplo, mi hija a esa edad decía “papá tu tienes cara de pato”, bueno a mi particularmente eso me daba risa y consecuente con mi risa, mi hija se retorcía a carcajadas. Las rimas también resultan divertidas para los niños pequeños, con lo que vemos que en esta etapa el niño no sólo se ríe de imitaciones y movimientos físicos exagerados; sino también de las manifestaciones conceptuales; por ejemplo, vemos el caso que un niño de la misma edad meta la cabeza en un cubo, esta situación no presnetará mayor atención por parte del primer niño, pero si la mamá hace lo mismo ya verá como se ríe. Muchas veces este ejemplo no funciona con otros adultos, por ejemplo cuando el niño ve a un payaso, hemos visto por experiencia que puede asustarse o sentirse angustiado, ello porque el niño sólo se siente seguro con sus padres o familiares muy cercanos a los que ve todos los días, un payaso no representa eso para él.

La siguiente etapa aparece alrededor de los cinco y siete años, es aquí que los pequeños comienzan a desarrollar una mayor capacidad de comunicarse por medio del habla, con mayor fluidez y más palabras, identificando palabras con varios significados. Esta es la etapa de los acertijos y adivinanzas, así como las frases de doble sentido.

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