Influencia de los factores medioambientales en el autismo

Una investigación ha logrado relacionar la Influencia de los factores medioambientales o epigenéticos con el grado de autismo, los expertos concluyen que factores epigenéticos como el estrés, la edad o las condiciones del útero, pueden incrementar el grado de autismo.

Autismo infantil

Una investigación desarrollada por expertos de la Universidad de Yeshiva (Estados Unidos) ha confirmado la influencia de los factores medioambientales en el autismo. Los factores medioambientales o epigenéticos son aquellos no genéticos como pueden ser las mutaciones, pero que pueden provocar cambios interviniendo en el desarrollo de un organismo. La epigenética se define como un conjunto de procesos químicos que aunque no alteran la secuencia del ADN, provocan la modificación de su actividad.

Los expertos concluyen que los factores medioambientales podrían explicar por qué las mujeres embarazadas de más edad tienen mayor riesgo de tener un bebé que sufra autismo. En investigaciones anteriores se ha sugerido que las mutaciones genéticas son responsables de un 50% del riesgo de sufrir autismo, por lo que queda por explicar el 50% restante. Como decíamos, hasta la fecha se sabía que la edad de concepción era un factor influyente, un varón con más de 40 años de edad tiene mayor riesgo de concebir un hijo con autismo debido a la cantidad de mutaciones genéticas contenidas en el ADN del esperma, en el caso de las mujeres, a partir de los 35 años tienen mayor riesgo de tener un bebé con autismo, en este caso no se conocía exactamente el motivo.

La dieta de la futura madre, el estrés que pueda estar padeciendo, las condiciones del útero u otros factores se consideran medioambientales que incrementan el riesgo de provocar cambios epigenéticos. Para llegar a esta conclusión los expertos estudiaron a un grupo de 47 niños autistas y otro grupo de 48 niños que se desarrollaban con normalidad, en ambos casos las madres eran mayores de 35 años de edad.

Para poder observar las diferencias genéticas entre los niños de ambos grupos, se procedió a analizar las células de la mucosa bucal y de las mejillas. Los expertos partieron de la hipótesis de que las influencias externas (fueran cuales fueran) que favorecen el autismo, probablemente estén presentes en las células reproductivas que forman el embrión, células que están presentes también en el epitelio bucal y en el cerebro.

Se supone que durante el desarrollo embrionario las influencias medioambientales se codificarían en las células como una alteración química que se podría detectar. Tras un primer examen buscando anomalías cromosómicas y otros defectos genéticos, no encontraron elementos de diferenciación entre ambos grupos. Sin embargo, pudieron constatar diferencias entre niños autistas, un grupo de estos niños tenían genes alterados responsables de codificar las proteínas que intervienen en aquellas funciones alteradas en quienes padecen autismo.

Estos resultados sugieren que algunos niños con trastornos del espectro autista, lo sufren a causa de las mutaciones y de los cambios epigenéticos, por lo que la gravedad es mayor. Estos resultados determinan que los factores medioambientales influyen en la grado de autismo, si una mujer va a tener un bebé autista, los factores ambientales podrían agravar el trastorno. La investigación ha dado pie a formular otras muchas preguntas, por lo que probablemente se realicen nuevos estudios. Podéis conocer todos los detalles de este trabajo, a través del artículo publicado en la revista científica Plos Genetics.

Vía | International Business Times
Foto | Fatman73

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