El autismo y los bebés prematuros

Autismo infantil

Una nueva evidencia pone de manifiesto la relación que existe entre el autismo y los bebés prematuros. Un grupo de investigadores de la Universidad de Boston e investigadores de la Universidad de Harvard, confirman la relación que estudios anteriores ya habían sugerido.

El autismo ha adquirido mayor relevancia durante los últimos años en cuanto a dedicación de estudios para comprenderlo y mejorar la calidad de vida de quienes lo sufren. Atrás ha quedado el poco estudio científico que se realizaba sobre este trastorno y los juicios injustos que se realizaban sobre los padres de los niños autistas, de todo ello hablábamos en el post sobre el autismo. Ahora los estudios aparecen por doquier, se relaciona el trastorno del autismo con los niveles de testosterona, se descubre que el autismo es más difícil de detectar en las niñas, y poco a poco nos acercamos al día en el que se desarrollará un tratamiento eficaz contra un trastorno que durante los últimos 10 años ha aumentado su grado de incidencia en seis veces más.

En los últimos 10 años el número de nacimientos prematuros se ha duplicado y a pesar de que los avances tecnológicos y médicos han logrado reducir la mortalidad y las posibles complicaciones fruto del bajo peso y de la falta de madurez al nacer, se ha constatado una alta prevalencia de secuelas de carácter cognitivo, motriz y neurosensorial.

Los bebés prematuros presentan mayor riesgo de sufrir un trastorno de espectro autista, así se muestra en los resultados obtenidos con el Cuestionario Modificado del Desarrollo Comunicativo y Social en la Infancia, un cuestionario aplicado a nivel internacional, orientado a niños de entre 18 y 60 meses y en el que se le pregunta a los padres cuestiones como si le gusta que le balanceen o que le hagan el “caballito” sentándole en las rodillas, si suele mirarle a los ojos durante unos segundos, si sonríe al verle o cuando usted le sonríe, etc., podéis acceder a las preguntas del cuestionario a través de este enlace.

Nacer con menos de 28 semanas de gestación y un peso alrededor de los 500 gramos aumentaría significativamente las posibilidades de sufrir autismo, padres y cuidadores de bebés de 24 meses rellenaron los mencionados test, también se realizaron pruebas neurológicas a los participantes.
Recordemos que hasta no hace mucho, los niños no eran diagnosticados de autismo con precisión, hasta que no cumplían los tres años de edad.

Los expertos de la Asociación Española de Pediatría indicaban que en realidad no se había producido un incremento del autismo durante los últimos 10 años, sino que gracias a los diagnósticos más eficaces del autismo fruto de las nuevas tecnologías, las nuevas investigaciones y los nuevos métodos, han mostrado realmente la incidencia de la enfermedad, algo que corrobora los datos que aporta el nuevo estudio estadounidense.

El caso es que el cuestionario mostró que un 21% de los participantes daba positivo en la detección de trastornos de espectro autista, evidentemente la prevalencia es mayor porque los niños fueron seleccionados por las particularidades que antes hemos especificado. Cuando no se realiza una selección previa los resultados rondarían un 5%, pero es evidente que las probabilidades aumentan en el caso de los niños prematuros.

Los investigadores también hallaron otro tipo de relaciones, si además el bebé padecía algún tipo de daño visual, cognitivo o auditivo, el porcentaje sobre los riesgos de padecer autismo se incrementaban en un 10% más.

Se estrecha el cerco sobre el autismo, los datos abren nuevas vías de investigación que permitirán certificar en un futuro próximo la relación entre el autismo y los bebés prematuros. Otros investigadores indican que será necesario depurar y descartar a aquellos niños que padecen otros problemas de carácter neurológico, deficiencias cognitivas, etc., problemas que alteran los resultados de los cuestionarios a la hora de asociar debidamente el autismo y la prematuriedad.

Puedes consultar más detalles sobre el estudio a través de la revista científica Journal of Pediatrics.

Vía | El Mundo
Foto | Eric Cote

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