Contaminación ambiental y autismo

Un nuevo macro estudio corrobora los datos de estudios anteriores en los que se apunta que existe una clara relación entre la contaminación ambiental y el autismo. En el ambiente existen diferentes elementos químicos que afectan al desarrollo de los bebés en el embarazo. No es sólo el riesgo de autismo, también se incrementan los defectos y las malformaciones congénitas, nacen bebés con peso reducido, etc.

Contaminantes ambientales y enfermedades en los bebés

Una investigación desarrollada por expertos de la Universidad de Chicago (Estados Unidos) determina que existe una clara relación entre contaminación ambiental y autismo. Las mujeres que viven en áreas con contaminación ambiental tienen hasta el doble de riesgo de tener un hijo autista. Son varias las conclusiones obtenidas, como la existencia de un vínculo entre el incremento del riesgo de autismo y la contaminación por mercurio generada por el tráfico, que existe un vínculo más notable entre la contaminación y el autismo en niños que en niñas, o que la tasa de autismo es mayor que otros defectos de nacimiento cuando el útero materno está expuesto a las toxinas ambientales.

En definitiva, la contaminación ambiental generada por la industria, el tráfico rodado y otras fuentes que generan toxinas, puede aumentar drásticamente las probabilidades de que el bebé sea autista. Varios estudios anteriores han demostrado que existe esta relación, sin embargo, este estudio es el mayor que se ha realizado hasta el momento y corrobora los resultados obtenidos anteriormente. En el autismo intervienen varios factores, además del genético, los contaminantes ambientales juegan un papel decisivo en su desarrollo y así se constata tras revisar los registros de salud de más de 100 millones de estadounidenses.

Los investigadores explican que durante el embarazo hay momentos que son más sensibles para el feto, es mucho más vulnerable a determinados elementos químicos, como pueden ser los plaguicidas, los plastificantes, las sustancias presentes en la contaminación generada por la industria o el tráfico rodado… Estos elementos alteran el desarrollo fetal normal y provocan diferentes defectos y malformaciones congénitas además del autismo, también se ha constatado un elevado incremento de los defectos en los sistemas reproductivos de los varones.

Con respecto a esta relación entre la contaminación del ambiente y por qué afecta más a los niños que las niñas, os invitamos a leer el post ¿Por qué hay más niños que niñas autistas?, una nueva investigación ha logrado explicar este hecho, determinando que las niñas no suelen sufrir autismo cuando sólo existen anomalías genéticas leves, la razón es que las niñas tienen una mayor tolerancia que los niños a las mutaciones del neurodesarrollo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, uno de cada 88 niños sufre autismo y por sexos es mucho mayor la prevalencia en niños que en niñas.

No es de extrañar que durante las últimas décadas se haya incrementado el número de casos de autismo, parece que existe una correlación entre el aumento de la contaminación ambiental y este trastorno, pero también se ha de destacar la relación con otros problemas además de los defectos y malformaciones congénitas. La exposición al plomo generado por el tráfico rodado durante la infancia propicia la agresividad en estado adulto, provoca un retraso en el rendimiento intelectual, afecta al peso del bebé, etc. Son muchas las consecuencias negativas de la contaminación ambiental, un problema que hasta no hace mucho parece haber sido ignorado.

Como decíamos, cada vez son más los estudios que apuntan a la contaminación ambiental como una de las principales causas que provocan en los bebés todo tipo de problemas, sin embargo, las políticas que se adoptan y los cambios que se realizan son poco significativos, el problema seguirá hasta que no se utilicen únicamente fuentes energéticas limpias, se cambien los sistemas de producción de las empresas, y se realicen los cambios oportunos que permitan respirar un aire de calidad. Podéis conocer más detalles de este estudio a través del artículo publicado en PLOS Computational Biology.

Foto | Fatman73

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