Así puedes evitar la deshidratación infantil

El calor, las enfermedades y la poca ingesta de líquidos pueden llevar a los niños a deshidratarse. Como padres debemos evitarlo a toda costa y estar atentos a las señales que indican la presencia de esta condición.

Consejos para evitar la deshidratación infantil

La deshidratación es un mal que aparece cuando nuestro cuerpo pierde líquidos y estos no son repuestos. Esta puede ser leve, moderada o severa. En el último caso se requiere de atención hospitalaria, pues los órganos podrían fallar y conllevar a la muerte. En los niños la situación es más delicada, por ello debemos prevenir la deshidratación en los infantes.

Lo primordial es la vigilancia. Un pequeño podría estar deshidratado si muestra los ojos hundidos, orina con menos frecuencia y con un color oscuro, se comporta pasivo e irritable, no lagrimea cuando llora, o sus mucosas (boca, lengua) están resecas o pegajosas. Además de todo esto, en los recién nacidos la fontanela (parte frontal suave de la cabeza) luce también hundida.

Esta sintomatología señala una deshidratación leve. Si la situación es más grave, el chico tendrá los labios y la boca reseca, no producirá micciones, no querrá comer, respirará aceleradamente y desarrollará manchas en la piel. Acudir al especialista es lo más indicado. Sin embargo, es posible evitar estos inconvenientes con los cuidados adecuados.

Causas más usuales de la deshidratación infantil

Durante el verano la deshidratación es muy frecuente. Cuando sube la temperatura y hace mucho calor, los niños sudan y pierden agua rápidamente. Nunca hay que hacer de la vista gorda ante el sudor. Perder pocas cantidades podría acarrear lastimosas consecuencias, sobre todo en los bebés.

Las gripes, diarreas y vómitos también originan fallas en la hidratación. A través de las heces se pierde mucho líquido, más aún si se devuelve la comida. En estas situaciones, además del tratamiento para la enfermedad de origen, se recetan productos con electrolitos o suero para que el peque no se deshidrate.

Hay que recordar que los chicos con menos de un año aún no tienen completamente desarrollados sus sistemas corporales de prevención. Por ejemplo, el que regula la temperatura del cuerpo y la sed. Por ello tal vez no se vea sudoroso, pero presente síntomas ante factores ambientales como el calor o la humedad.

Claves para prevenir la deshidratación de los infantes

Entonces, a pesar de que el niño no muestre una sudoración excesiva, suminístrale más agua de lo habitual si el calor es excesivo. No esperes a que tenga sed, establece lapsos para darle de beber. Si aún estás amamantando, anima al peque a tomar el pecho más seguido, o apela a las fórmulas si éstas forman parte de su dieta. Pocas cantidades, pero con mayor frecuencia.

A los mayores de cuatro meses se les debe complementar la leche con agua. Si ya bebe jugos, procura que éstos tengan más parte de agua que de frutas. Los sueros que venden en las farmacias también resultan de ayuda en estos casos.

Si llevas al niño a la alberca o a la playa debes hidratarlo antes, durante y después de la jornada. Asimismo, es importante que coma a las horas establecidas y haga meriendas saludables. Frutas como la sandía y el melón son ricas en agua. Evita el consumo de alimentos que por el contrario restan líquidos al cuerpo, como las chucherías y frituras.

Si el peque está convaleciente extrema las atenciones, y recurre a las sales de rehidratación oral. Llévalo al pediatra y atiende al pie de la letra sus indicaciones. No pierdas de vista los síntomas de la deshidratación  y asegúrate de que el bebé esté correctamente hidratado. 

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