Aprendizaje selectivo social de los alimentos en bebés

Un interesante artículo nos habla del aprendizaje selectivo social de los alimentos en bebés, parece ser que existen mecanismos evolutivos que permiten determinar si un alimento es comestible y es apto para el consumo en bebés a partir de 6 meses de edad.

Desarrollo infantil

Un interesante estudio desarrollado por expertos de la Universidad de Yale muestra que los bebés pueden saber que las plantas proporcionan alimentos, pero necesitan constatar que son seguras antes de consumirlas. Los investigadores explican que a los 6 meses de edad, los bebés tienden a pensar que determinados alimentos vegetales son seguros, pero sólo se atreverán a probarlos si antes han visto a un adulto comerlos. El estudio se ha realizado con bebés con edades comprendidas entre los 6 y los 18 meses y en todos los casos se determina que los pequeños identifican la fuente alimentaria vegetal.

Parece ser que este descubrimiento guarda relación con la dependencia que tenían los seres humanos de los recursos vegetales que recolectaban para comer, muchas plantas eran tóxicas y podían causar la muerte. La evolución ha hecho que se adquiriera este comportamiento para evitar este tipo de peligros, de ahí que se imite el comportamiento de los adultos, aunque este no es el único factor a tener en cuenta, ya que parece existir usa asociación clara con el mundo vegetal, siendo un aprendizaje selectivo social de los alimentos en bebés.

En la investigación a bebés con 18 meses de edad se les mostraba una planta artificial con un aspecto muy real y un artículo fabricado por el hombre, ambos tenían frutos secos como si los hubieran producido. Frente a los bebés, un investigador tomaba frutos secos de las dos muestras y se los introducía en la boca, posteriormente se trasladaron los frutos de cada muestra a un recipiente y se pidió a los pequeños que indicaran cuál era comestible. En la mayoría de los casos, los bebés mostraban preferencia por los frutos secos que se habían recolectado de la supuesta planta. Vieron la misma información social, es decir, la recolección de una planta y de un artefacto no vegetal, sin embargo la elección se condicionó a la planta. Hay que decir que en el experimento también se mostró información que no era clara, por lo que la elección de los bebés se realizaba al azar.

Con respecto a los bebés de seis meses de edad, no tienen ninguna (o muy poca) experiencia con la comida sólida, en un experimento similar mostraron igualmente una tendencia a elegir los frutos que se obtenían de una planta, parece ser que la recolección realizada en un artefacto (que nada tiene que ver con el mundo vegetal) violaba las expectativas de que fueran comestibles. En definitiva, los experimentos realizados muestran que los bebés utilizan la información social de los adultos para poder identificar de forma selectiva a las plantas como fuente de alimento, los expertos explican que a diferencia de los primates, no se considera que todo lo que se pueda llevar a la boca sea comestible, aunque se tiene en cuenta la obtención de alimento de un producto de origen no vegetal.

A través de este artículo podemos conocer la explicación de los expertos, comentan que este mecanismo de aprendizaje social trabaja en coordinación con otros mecanismos, como la aversión a determinados sabores o aquellos periodos que existe mayor sensibilidad en el aprendizaje de los productos alimentarios. Hay mucho que estudiar, el aprendizaje relacionado con la alimentación todavía debe ofrecer mucha información, de momento este estudio preliminar parece arrojar algo de luz sobre el comportamiento de los bebés y los rasgos evolutivos asociados a la alimentación.

Algo interesante a tener en cuenta, dado que los pequeños parecen estar condicionados a la obtención de alimentos a partir de las plantas, como por ejemplo las frutas de un árbol, quizá se podría trabajar en ello para que tuvieran más interés en un futuro por alimentos que posteriormente no les resultan tan agradables como las frutas o las verduras. Podéis conocer todos los detalles de esta interesante investigación a través del artículo publicado en Psychological Science.

Foto | Bicccio

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