6 consejos para enseñarle a tu hijo a caminar

Consejos para enseñarle al niño a caminar

Cada etapa que supera el bebé emociona y llena de ansiedad a los padres quienes, de vez en cuando, pecan de exigentes y le piden al peque más de lo que está listo para ofrecer. Caminar, sin duda, es una de las habilidades que quieren ver materializados con rapidez, pero no siempre es fácil. Si quieres ayudarlo a soltarse, puedes tomar en cuenta estos seis consejos para que camine a su propio ritmo, sin presionarlo y estropear su avance.

Los expertos señalan que cada infante debe asumir las posturas y movimientos espontáneos, que le permitirán evolucionar hasta ponerse de pie sin ayuda, sin requerir que sus padres le mantengan de pie, respetando sus tiempos y valorando sus iniciativas. Esto les dará seguridad y tranquilidad.

Este proceso tiene mucho de intuición paternal. Sabrás que tu hijo está listo para avanzar cuando se mantenga de pie algún tiempo sin caerse, desee trasladarse de un sitio a otro por toda la casa, manteniendo el equilibrio con la pared y los muebles o te extienda su mano para que le lleves de un sitio a otro.

Sus primeros pasos

Cada una de las 6 maneras de enseñarle a tu hijo a caminar implica respetar su independencia, pues su desplazamiento debe ser voluntario. Entre los nueve y 18 meses de edad puede que tu bebé camine por primera vez, en principio apoyándose de cada objeto. Toma en cuenta estas recomendaciones:

  1. No interfieras: Cuando un adulto provoca las posturas del bebé, con la intención de empujarlo a caminar, interrumpe la secuencia natural y entorpece su aprendizaje. Controlar el espacio físico y dominar el equilibrio son experiencias personales, que sólo el niño determinará cuándo es el momento indicado para realizar. No lo obligues a levantarse.
  2. Apóyalo: Dejar que aprendan solos contribuye positivamente a la confianza que sienten en sí mismos y su autoestima. Tener el control sobre su propio cuerpo, iniciativas y equilibrio, repercute en el desarrollo emocional de los infantes, creando conexiones más fortalecidas con sus padres, quienes deben acompañarle en el proceso y celebrar cada logro por pequeño que este parezca.
  3. Estimúlalo: Una vez que el niño ha decidido que es momento de erguirse, puedes participar del proceso ayudándolo a apoyarse en una cama o mueble estable. Siéntate a cierta distancia de él y muéstrale su juguete favorito para alentarlo a venir por él. Cada bebé es diferente y aunque viven las mismas etapas, no necesariamente sucederán al mismo tiempo. Hay niños más precoces y otros que tardan más. Lo importante no es cuando sucede, sino cómo lo hacen.
  4. Acompáñalo: Cuando tu pequeño aprenda a caminar entre un mueble y otro, puedes ayudarle llevándolo de la mano. Lo ideal es que te sitúes detrás de él y sujetes cada extremo, halandolo cuidadosamente hacia adelante. Conforme pase el tiempo, reduce tu ayuda. En este punto, el carrito de las compras puede ser un aliado, ya que puede servir de andadera, siempre bajo tu supervisión.
  5. Prepara su espacio: Aunque es importante que tu niño aprenda a caminar por su cuenta, no significa que debes desentenderte del proceso. Al contrario. Tu mejor que nadie conoces sus necesidades e intereses, por lo que debes organizar su entorno para adaptarlo pensando en su seguridad. Aleja las lámparas, deja los muebles fuertes y esparce sus juguetes por la sala, seguro estará muy feliz.
  6. Enséñale a detenerse: Tanto como aprender a caminar, saber detenerse es fundamental. Para enseñarle, se sugiere permitirle dar unos pocos pasos y pararle brindando los dedos de cada mano de mamá y papá para que se sostenga. Haz que se quede quieto, aguantando el equilibrio.

Evitar errores

Los adultos vivimos una cotidianidad acelerada y deseamos imprimir la misma premura a cada aspecto de nuestras vidas, incluso si no son nuestras. Quienes pagan las consecuencias son nuestros hijos, quienes se ven forzados a saltar etapas y quemar periodos mucho más rápido.
Cuando el chiquitín desea estar boca arriba para mover con libertad sus brazos y piernas o voltear su cabeza, en ocasiones pensamos que será mejor colocarlo boca abajo. Esto solo produce que se mantenga aplastado hacia el colchón, sin moverse y sin poder elevar la cabeza, que le resulta muy pesada.
Si por fin logra aprender a girar su cuerpo, esperamos poder sentarlo colocando toda clase almohadones que lo sostengan, pero no es sorpresa lo que ocurre: se va para un lado porque su columna no está lista para esa posición. Si por casualidad se sienta, lo paramos y cuando se para, queremos que camine.
¿Te suena familiar? Debes tener paciencia. Ningún niño es igual que otro y cada uno llevan su propio ritmo. A unos les cuesta más que a otros, así que deja las prisas. Si nuestras expectativas son poco realistas, afectaremos la confianza y autoestima de nuestro hijo, disminuyendo la posibilidad de que tome la iniciativa.

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