Las chuches nunca deberían ser un premio ni un castigo

Las golosinas no son productos que favorezcan una saludable alimentación. Usarla como recompensa o castigo es una mala práctica. Problemas emocionales y de salud pueden generarse de ella.

Las golosinas no son recompensas ni castigos

Utilizar las chuches como premios o castigos es un grave error. Las sanciones relacionadas con la comida crean en la mente infantil conexiones malsanas con algunos platillos. De hecho, pueden derivar en atracones que, en muchos casos, conllevan a enfermedades como el sobrepeso. La relación con los alimentos debe ser natural, fuera de negociaciones, reprimendas o compensaciones.

Ofrecer un snacks para que tu peque coma la sopa o los vegetales del día, puede resultar tentador para él. Tanto, que podría devorarse todo en un instante con tal de recibir su ansiada recompensa. El problema radica en que estos productos se convierten en “deseables” o “adictivos”. Incluso, en sinónimo de atención, afecto o elogios. Si lo conviertes en rutina, de adulto a tu hijo le será fácil refugiarse en la comida cuando sienta tristeza, alegría, decepción o fatiga. Es decir, comerá acorde a sus emociones, y eso puede generar serios inconvenientes de salud. Reemplaza las chuches con auténticos premios como paseos familiares, cuentos, abrazos o similares.

Ni recompensa, ni castigo. La comida no juega ese “rol”

Los expertos desaconsejan convertir los alimentos en recompensas o castigos, mucho menos cuando se trata de golosinas. Los dulces tienen harinas, azúcares, gelatinas, grasas, además de aromas y colorantes artificiales que causan daños si son consumidas en exceso. Incluso las chuches saladas poseen altos índices de grasas, harinas y sal, que pueden ser perjudiciales. Muchos de ellas entran en la lista de las denominadas comidas chatarras, pues carecen de un componente nutritivo. Si bien no pueden desaparecer por completo de la dieta del peque, es importante regular su consumo, procurando una alimentación sana y equilibrada.

La ingesta descontrolada de golosinas es peligrosa, principalmente en la infancia. Por un lado arruina el apetito, puesto que el pequeño se sacia y deja de lado las comidas fuertes del día. Al ser económicas, muchos adultos suelen comprar chuches cada vez que el niño las reclame o les apetezca, convirtiéndolos en asiduos consumidores. Y si se incurre en castigar o premiar con con ellas al niño, éste creerá asociaciones perniciosas con la alimentación, que pueden marcar el curso de la dieta.

Y ni hablar de los gastos asociados. Los peques suelen destinar diariamente 0,60 € en chuches. Al año serían más de 200 € en comestibles que no aportan nada a su desarrollo y crecimiento, ya que carecen de proteínas, fibras, vitaminas y minerales.

Ahondando en el tema de la salud, es preciso decir que por su concentración de azúcares, las golosinas causan la aparición de caries. Como si fuera poco, aportan un sinnúmero de calorías, y “obstaculizan” la ingesta de otros alimentos más saludables como frutas y hortalizas. Su consumo se vincula también a padecimientos como diabetes.

Sin duda, los niños precisan de normas claras sobre la alimentación, las cuales deben ser igualmente respetadas por los adultos. En cuanto a las chuches, no se aconseja sobrepasar los 20 gramos diarios. Además, se debe promover el lavado de los dientes y la lengua luego de cada consumo. No olvides que la comida es una de las principales “armas” para fortalecer y nutrir. Utilizarla como recompensa o castigo no es la solución, trátese de chuches o no.

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